"With the lights out it's less dangerous..."

martes, 27 de diciembre de 2011

Inexistente perfección.


Hoy echo en falta en el mundo que más inmediatamente me rodea un poco de perfección. Una tarde perfecta, un conjunto perfecto, una perfecta interpretación musical, una cena perfecta, una nota perfecta, una familia perfecta, una persona perfecta. Sé que se puede buscar la perfección en un copo de nieve, en la simetría de una caracola, en la proporción áurea, pero no es ésa la perfección tras la que yo voy. Siendo sincera, ni yo misma sabría definir algo perfecto, si de algo estoy segura, es de que eso  no  existe.

No existe la tarde perfecta, la interpretación perfecta y mucho menos la persona perfecta.
Entonces, ¿Cómo es que sabiendo que no existe lo ansío? ¿Cómo pretendo encontrarlo? Realmente no voy al encuentro la perfección, sino que lo que quiero es esa droga que te nubla la vista, te vuelve completamente irracional  y subjetivo y te hace ver por un segundo, por un minuto, la perfección que yo ando buscando.


WTY

jueves, 8 de diciembre de 2011

Amelie Poulain.

El padre de Amelie, ex médico militar, trabaja en un balneario termal de Einghien-les-Bains. (Labios apretados indican dureza de corazón)
 A Raffael Poulain le disgusta orinar cerca de alguien, atraer miradas de desdén hacia sus sandalias y salir del agua y sentir que se le pega el bañador. A Raffael Poulain le gusta arrancar a trozos el papel pintado, poner en fila todos sus zapatos y lustrarlos con esmero, vaciar su caja de herramientas, limpiarla bien y volverlo a poner todo en su sitio.
La madre de Amelie, Amandine Fuet, institutriz nacida en Geugnon, es de naturaleza inestable y nerviosa (Tic facial indica agitación neurótica)
  A Amandine Poulain le disgusta que el agua caliente le arrugue las yemas de los dedos, que alguien que no le gusta le roce la mano y tener marcas de la almohada en la mejilla al despertar. A Amandine Poulain le gusta la ropa de los patinadores artísticos, dejar el parqué como una patena, vaciar el bolso, lompiarlo bien y ordenarlo de nuevo.
Amelie tiene 6 años, como a todas las niñas le encantaria que su padre la cogiese en brazos de vez en cuando, pero él sólo tiene contacto fisico con ella durante el examen médico mensual. La pequeña, desconcertada por esa intimidad excepcional no puede impedir que su corazon lata con fuerza. Por ello, su padre la cree víctima de una anomalía cardíaca. 
A causa de esta ficticia enfermedad, la niña no va a la escuela y es su madre quien hace de profesora.
 Privada del contacto con otros niños, debatiéndose entre el nerviosismo de su madre y el frío distanciamiento de su padre, Amelie se refugia en un mundo imaginario, inventado por ella.
 En él, los discos de vinilo se fabrican como creepes y la vecina, en coma desde hace meses esta así porque ha decidido dormir de un tirón las horas que le restan de sueño en toda su vida.
 El único amigo de Amelie se llama Cachalote. Por desgracia, el ambiente familiar le ha vuelto neuroastérico y suicida. Los intentos de suicidio de Cachalote aumentan el estrés materno.
  Se toma una decisión.
- ¡Bastaaa!
Para animar a Amelie, su madre le regala una Instamatic Koda de segunda mano. 
Aprovechándose de la ingenuidad de Amelie, un vecino le hace creer que su cámara tiene un defecto: provoca accidentes. Como ha tomado fotos toda la tarde, una espantosa duda asalta a la niña al caer la noche y se derrumba ante la tele, agobiada por la responsabilidad de un gigantesco incendio, dos descarrilamientos y la caída de un avión.
Unos días después, al darse cuenta de que su vecino se burló de ella, Amelie decide vengarse.
- ¿Pero qué coño? ¡Me cago en la leche! ¡Maldita sea!
Y un día el drama se desata. Como todos los años, Amandine lleva a su hija a Notre Dame, para pedir que el cielo le envíe un hermanito. La respuesta divina llega tres minutos más tarde. Por desgracia no es un recién nacido lo que cae del cielo, sino una turista de Quebec, resuelta a acabar con su vida. Amandine Poulain, de soltera Fuet, muere en el acto. 
Tras la muerte de su madre, Amelie se encuentra sola con su padre. Éste, ya de por sí poco comunicativo, se encierra aún más en sí mismo. Se obsesiona con la construcción del mausoleo en miniatura que contendrá las cenizas de su esposa.
Pasan los días, los meses y después los años. A su alrededor el mundo parece tan muerto que Amelie prefiere soñar hasta alcanzar la edad para irse de casa.
Cinco años después, Amelie es camarera de una cafetería de Monmatre: el "Deux Moulins"
29 de agosto de 1987, en 48 horas el destino de Amelie Poulain va a dar un giro.







sábado, 3 de diciembre de 2011

Inexpertos.

Todos hemos sido alguna vez inexpertos en el arte de vivir la vida. Y si digo el arte, es porque no todo el mundo sabe cómo vivirla y no a todos nos sale tan bien como nos gustaría.
Acercándome a la mayoría de edad, suelo pensar en que los dieciocho no son más que una cifra, un número, X hojas pasadas en un calendario de pared, dieciocho primaveras, diez años de estudio (y los que quedan)... Y cuanto más me acerco a esa edad, menos creo que sea sólo una simple cifra. Este año creo que va a ser decisivo en la vida de muchas personas de las que tengo a mi alrededor y en mí misma. Siento que estoy aprendiendo poco a poco, tanteando, de qué tejido está hecha la vida. Están ocurriendo una serie de cambios inesperados que tiñen esta tela de un color más oscuro del que me cabía esperar.
Creo que la primera lección de este año podría tomar como título "Las cosas pasan". Y es así. Las cosas pasan, todo lo que vemos en televisión, leemos en el periódico, en internet, todas esas cosas que nos parecen ajenas, lejanas, ocurren. Y no siempre tienen porqué pasar a alguien famoso, alguien destacado, no. La vida es de las personas de a pie, y las cosas les ocurren a estas personas. Estos personajes anónimos que no tienen más importancia para las masas, son a la vez los grandes protagonistas de la vida.
Me entristece pensar que cuando digo que las cosas pasan, no me refiero a que se descubre la cura del cáncer, que se encuentra a un niño desaparecido o que alguien logra superar una depresión. Las cosas a las que me refiero son los problemas "adultos".
La reflexión a la que hoy quería llegar se que quizás sean los errores cometidos en el pasado lejano o no tan lejano, quizás los errores precisamente no cometidos, la indulgencia o puede que el mero paso del tiempo sean los precursores de estos tintes oscuros que tiene la vida. Me inclino a pensar en que no es así, sino que según nos acercamos a la plena madurez como personas, nos vamos dando cuenta de dónde vivimos en realidad, vamos descubriendo poco a poco que nada es eterno, nada es perfecto y que, como ya he dicho anteriormente, las cosas pasan.


WTY