Hoy, en un momento de reflexión involuntaria he reunido suficiente contenido como para crear esta entrada. El tema esta vez, como muchas otras, es las circunstancias de las que en ocasiones no somos conscientes y que nos envuelven cada día.
Creemos a veces que nuestra vida es nuestra y de nadie más a no ser que decidamos compartirla. Estamos seguros de que esa decisión es nuestra. Hoy me doy cuenta de que no.
Podemos decidir quién tiene un papel más o menos importante en ella, sí, pero no podemos controlar quién entra y quién sale. Muchas veces alguien llega de improvisto y se queda, otros pasan de largo, en ocasiones incluimos a alguien que ya teníamos premeditado. Las personas cambian, sus caminos también. Estos caminos pueden ser paralelos, ir a la par o simplemente cruzarse en un punto y perderse en el horizonte. Si algo me ha impactado en estas últimas semanas es ver como sin querer alguien se introduce en nuestra vida, sin quererlo, pasa a formar parte del día a día y sin apenas haber sospesado la posibilidad, ya ha formado parte de nuestra historia. Algún día, en el futuro recordaré esta época y esta persona que en un principio no iba a ser nadie en mi biografía será alguien con quien tenga que contar. El cómo no lo sé. El porqué sí. Lo que verdaderamente me importa es que así ha sido y ahora ya no tiene vuelta atrás.
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